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Los santos oleos: aceite, cuerpo y alma

Los santos oleos: aceite, cuerpo y alma

viernes 20 de junio de 2014, 19:02h

Los santos oleos es el resultado de la iniciativa de Sergio González, un valenciano soñador enamorado del Mediterráneo, su mar y su AOVE, y del talento de Eduardo Peris, artista de manifiesta sensibilidad y oficio que, a través de la fusión entre cuerpo, alma y aceite, ha logrado captar el protagonismo y significado milenario del aceite de oliva en nuestras vidas.

    

 “Desde la tradición cristiana a la cultura pagana, el aceite ha sido objeto de culto y veneración, de misterio y de salud, de esperanza y de victoria, de paz y de bienestar. Desde el nacimiento hasta la muerte, los santos oleos nos acompañan. El aceite de oliva ha influido en nuestras vidas, no sólo desde el punto de vista de la alimentación, sino que ha trascendido a otros ámbitos como la fe, la esperanza y el sacrificio”.

 

Lo afirma convencido Sergio González, director creativo de Cuestión, una agencia de servicios plenos de publicidad, eventos e Internet, al tiempo que alma máter de L’oli del mar, un exquisito AOVE nacido de su pasión por el Mediterráneo que pretende vincular los cultivos agrícolas con la tradición marinera y pescadora del Delta del Ebro y los pueblos de alrededor. Y es que “dicen de nuestros olivos que hablan y susurran con el mar, estableciendo un diálogo poético e integrador con el Mediterráneo”, recuerda. 

 

Este creativo publicitario, que un buen día llegó al Baix Ebre huyendo del acoso inmobiliario y la destrucción paisajística y se tropezó con unos bancales de olivos junto al mar que llevaban abandonados más de dos décadas, es uno de los artífices de Los santos oleos, una exposición que se presenta comotodo un homenaje a la historia del aceite y su relación con nuestras vidas. También es una alegoría inspirada en obras clásicas, muchas de ellas de inspiración bíblica, de autores como Murillo, Rubens o Tintoretto.

 

Para González, Los santos oleos es algo más que una simple muestra artística. Aspira a ser el comienzo de algo más grande, una iniciativa “en defensa de la cultura del AOVE encaminada a aunar fuerzas dentro de un sector que busca recuperar su espacio en la sociedad, el lugar que nunca debió abandonar”. Se trata de abrir un nuevo camino atractivo y enriquecedor para mostrar al público el mundo de los AOVEs, porque “falta cultura y conocimiento y, más allá de vender una u otra marca, lo importante es marcar la diferencia, aportar valor, sensibilidad y conocimiento”.

 

Entrevista con Eduardo Peris, fotógrafo y autor de Los santos oleos

 

“El aceite de oliva forma parte de nuestras vidas”

 

 

Eduardo Peris (Valencia, 1965) culmina su formación fotográfica en Suiza atraído por el control de la luz en la fotografía, un materia impartida allí por grandes maestros internacionales. Tras especializarse en el campo de la moda y la publicidad a principios de la década de los 90, su éxito en el ámbito publicitario le procura el reconocimiento internacional y la publicación de sus trabajos en prestigiosas revistas y diversas publicaciones dedicadas al diseño y la fotografía.

 Vinculado a las vanguardias artísticas desde sus inicios, su obra ha sido expuesta en galerías y museos de arte contemporáneo, exhibiendo un criterio profesional que ha sido teorizado por el autor mediante ponencias y ensayos.

 Sus últimos trabajos de fotografía artística cuestionan la verdad del objetivo como realidad única y proponen una reinterpretación de la realidad en la que el objeto se refleja -enfrentando original contra imagen- o se multiplica -formando simetrías y geometrías de repetición calidoscópica-, permitiendo así una lectura multipolar, mientras reclama para este arte una libertad de composición y manipulación de la imagen que posibilita nuevas expresiones gráficas y contenidos poéticos inéditos.   

 

¿Qué son Los santos oleos? ¿Qué has pretendido con esta exposición sobre el cuerpo humano y el aceite de oliva tan alejada de los convencionalismos?

Los santos oleos son un serie de imágenes desde las que quiero transmitir mi visión espiritual de la luz con el cuerpo humano, todo ello engranado con la belleza y la pureza de un elemento tan trascendental para todos nosotros como es el aceite de oliva.

 

Los santos oleos es un homenaje a la historia del aceite y su relación con nuestras vidas, al mismo tiempo que una alegoría inspirada en obras clásicas, algunas de ellas de inspiración bíblica, de autores como Murillo, Rubens o Tintoretto. ¿Cómo surgió tan original idea? ¿Cómo fue el proceso de creación de las obras que conforman la exposición?

La verdad es que fue un proceso creativo largo y reflexivo. Tenía la idea en mente y me reuní con Sergio González, gran amigo y creativo, y hablando del tema poco a poco fue saliendo por sí sola. Siempre me había atraído la relación íntima que existe entre cuerpo y alma. Necesitaba un nexo que me permitiera aunar ambos estados y surgió el aceite, que alimenta el cuerpo y, a través de la fe, purifica el alma. Por otro lado, de alguna forma sí que subyace una cierta inspiración en los clásicos, en la manera de jugar con la luz y las sombras, en la teatralidad de las escenas mezclada con un enfoque compositivo mas moderno.

 

FOTO: IMG_6653.JPG

PIE DE FOTO: Sergio González, creativo publicitario, y Eduardo Peris, fotógrafo artístico, son los artífices de Los santos oleos, una exposición que pretende ser algo más que una simple muestra artística.

 

Las obras de la exposición juegan con el binomio aceite de oliva y fe. ¿Cómo se conjugan conceptos en principio tan alejados?

No creo que estén tan alejados. El aceite esta íntimamente ligado a gran parte de las ceremonias religiosas cristianas desde sus inicios. Tan sólo hemos acrecentado la importancia de este elemento.

 

Los santos oleos va más allá de una simple muestra artística, pretende abrir un nuevo camino que ayude a difundir la cultura del aceite de oliva, tan cercana pero a la vez tan desconocida…

Así es. Habitualmente solemos olvidar nuestra propia riqueza y elevar la que viene de fuera. Además, caemos en el bucle del olvido, nos habituamos tanto a las cosas familiares que su fuerza tiende a disgregarse. Con el aceite nos ocurre. Somos la envidia gastronómica del mundo y es necesario difundir, tanto para ellos como para nosotros, la esencia que ha dado esplendor a nuestra cultura.

 

Las obras están cargadas de un fuerte simbolismo que trasciende sus evidentes connotaciones religiosas. ¿Cómo se logra transmitir la belleza y emoción del AOVE?

Básicamente lo he intentado de dos maneras. La primordial es el uso del cuerpo humano en un contexto religioso, siempre desde el respeto. No queríamos entrar en polémicas y por ello el acting de los modelos está representado con mucha sensibilidad, con delicadeza, para que sea el espectador el que extraiga sus propias emociones. La segunda es la gran importancia que le hemos concedido al aceite. A veces de forma muy notoria, otras más atenuada, pero siempre presente. Al fin y al cabo, el aceite de oliva forma parte de nuestras vidas a diario.

 

El AOVE es Mediterráneo, luz, color… Sin embargo, todas las obras de la exposición están presididas por un tono solemne y en ellas predomina la oscuridad. ¿Cuál es la razón de ser de esta aparente contradicción y qué has buscado dotándolas de ese carácter iconoclasta?

No quería caer en los tópicos propios del tema. Está muy arraigado en nosotros el concepto cálido y luminoso del Mediterráneo, que nos alimenta y nos protege. Pero no sólo es eso, es mucho más, es el sabor de la tierra, es la tormenta y la noche, es la dicotomía que tenemos como pueblo. Alegres y lacónicos, extrovertidos y apasionados. Estas obras intentan captar un matiz más intimista de nuestra personalidad, sin banalidades. No quería que se perdiera la fuerza que pretendía transmitir.