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La baja rentabilidad del sector oleícola (o cómo nadie gana dinero en este sector). ¿Mito o realidad?

La baja rentabilidad del sector oleícola (o cómo nadie gana dinero en este sector). ¿Mito o realidad?

jueves 24 de julio de 2014, 15:19h

Por Alfredo Briega Martín

En 2010, el anterior Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino elaboró un Estudio de la Cadena de Valor y Formación de Precios del Aceite de Oliva con el objetivo de profundizar en el conocimiento sobre la cadena de valor del sector del aceite de oliva para contribuir a la transparencia del mercado, así como detectar posibles ineficiencias en esta cadena. En el informe se puso de manifiesto una concentración progresiva en los eslabones de la cadena. Así, mientras el sector productor está muy atomizado, con poca capacidad de gestión y de negociación, la distribución está cada vez más concentrada.
En la campaña estudiada (2009/10) -y según este documento-, el beneficio para retribuir a todos los eslabones de la cadena representa el 2,5% sobre el precio de venta al público del virgen extra y desciende al 0,5% para el aceite de oliva. Esto se traduce en que el precio del AOVE pagado por el consumidor final es de 1,56 veces el percibido por el agricultor y de 1,43 veces en el caso del aceite de oliva, incluyendo las fases de extracción, elaboración y envasado, y distribución.
Además, los costes de la producción agrícola son los que mayor peso tienen en el conjunto de la cadena, al representar el 68% del PVP (sin IVA) para el AOVE y el 75% para el aceite de oliva. Dentro de ellos, la mano de obra agrícola supone más de la cuarta parte (27%) del total de los costes de toda la cadena para ambas categorías de aceite. El mercado español aplica una excesiva concentración de los precios a las diferentes categorías comerciales del aceite de oliva, lo que expresa su escasa valoración de la calidad. Así, el precio de venta al público del AOVE es solamente un 10% superior al del aceite de oliva.
Recientemente, otro estudio presentado en Italia afirma que, de 100 euros facturados por una almazara, el beneficio neto se reduce únicamente a 87 céntimos.
En España, primer productor mundial con 2,5 millones de hectáreas de superficie de olivar, el sector oleícola y olivarero genera un volumen de negocio estimado en más de 2.100 millones de euros y un empleo que alcanza los 46 millones de jornales por campaña, del que viven más de 400.000 familias y 2.500 empresas entre cooperativas, almazaras, envasadoras y resto de agentes que operan en el sector. Si los márgenes de rentabilidad son realmente tan exiguos, ¿cómo es posible que pueda subsistir una industria de semejantes dimensiones e importancia dentro del tejido económico de nuestro país?
Ésa es la pregunta que nos hemos formulado en Mercacei Magazine, y que hemos trasladado a todos los agentes del sector para conocer su opinión sobre esta cuestión de indudable importancia y trascendencia: grandes y pequeños productores, envasadores, comercializadores, industriales, almazaras y cooperativas, representantes del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (Magrama), organizaciones agrarias, distribuidores…
A continuación presentamos sus respuestas, valoraciones y reflexiones ante las cuestiones planteadas, algunas de ellas ciertamente incómodas y delicadas -de eso se trata-, que ofrecen un diagnóstico cuando menos interesante acerca de la realidad actual que vive el sector. Conviene aclarar que no todos han querido o podido responder, si bien la mayoría de los que no lo han hecho han expuesto los motivos de su negativa, ciertamente legítimos y respetables. Otros, por el contrario, no se han molestado siquiera en contestar (?). Ellos sabrán. En todo caso, si este reportaje sirve para arrojar luz y aportar valor acerca de la rentabilidad y subsistencia del sector del olivar y el aceite de oliva en nuestro país, entonces habremos conseguido nuestro objetivo.

 

1.- Diversos estudios realizados en España -Estudio de la Cadena de Valor y la Formación de Precios del aceite de oliva- e Italia hablan de la bajísima -casi nula- rentabilidad del sector del olivar y el aceite de oliva. ¿Esto es real o más bien se trata de una exageración?

2.- Si los márgenes de rentabilidad son realmente tan exiguos, ¿cómo es posible que pueda subsistir una industria de semejantes dimensiones e importancia dentro del tejido económico de nuestro país?

3. Por otra parte, y dado que el precio de una misma marca de aceite de oliva español difiere mucho en España respecto a otros países -incluso en la misma cadena de distribución-, ¿se compensa ese escaso margen de rentabilidad obtenido en España con el beneficio que se obtiene en el mercado exterior?

4.- En caso de que esos datos sean inexactos y no se correspondan con la realidad, ¿qué posibles intereses se mueven tras estas cifras? ¿A quién le interesa que estos datos salgan a la luz?  

5.- Según su criterio, ¿cuáles son las razones que han originado la actual situación de bajos precios y escaso umbral de rentabilidad para toda la cadena?

6.- En su opinión, ¿cuáles serían las soluciones y/o la estrategia más acertada para aliviar los males que afectan al sector? ¿Qué medidas se tendrían que poner en marcha con carácter inmediato para reconducir y paliar esta situación?

 

José María Penco, director de proyectos de la Asociación Española de Municipios del Olivo (AEMO)

1.- Centrándonos en nuestro país -la cadena de valor del aceite de oliva en Italia ni la conocemos, ni creemos que realmente la conozca nadie-, la respuesta es claramente afirmativa: la rentabilidad de la cadena de valor es nula o negativa en gran parte de los actores conocidos que intervienen en ella.
Es negativa para los productores de aceituna, lo que resulta obvio si consideramos el precio de venta en origen frente a los costes de producción en los últimos cuatro años. Los márgenes son, eso sí, más o menos negativos en función del sistema de cultivo implantado por el agricultor (intensivos o tradicionales).
La rentabilidad es muy ajustada también para los industriales o transformadores, a los que no les beneficia la situación que viven los agricultores; más bien les perjudica porque les terminan traspasando el problema y presionando ante la falta de liquidez. Es muy ajustada también para los envasadores y refinadores, aunque a menudo parecen estar cómodos con estos precios finales tan bajos.
En el caso de la distribución, la casuística es muy variada dependiendo del canal, calidad, formato de aceite, etc., pero si nos centramos en la distribución minorista que vende el 80% del aceite -supermercados e hipermercados-, el margen también es cero o negativo. ¿Por qué ocurre esto si son ellos los que marcan el PVP del aceite en los lineales? La respuesta es clara: el aceite de oliva es un producto gancho que genera necesidad de compra y se utiliza más que nunca como reclamo comercial, y las grandes superficies prefieren no ganarle dinero al aceite frente al resto de la cesta de la compra, al ganar clientes con ese precio reclamo. Esta es una práctica doblemente ilegal en España, pero consentida y, en gran parte, es la responsable de que toda la cadena de valor sea nula o negativa.
2 y 3.- Empecemos por el campo: gran parte de esas 400.000 familias tienen otros ingresos complementarios a la propia explotación, el olivar es el cultivo con menos agricultores profesionales de dedicación exclusiva en España, esto explica en parte que se mantenga el cultivo aún con pérdidas continuadas. También la subvención, en torno a 1,05 euros/kg de aceite anual, contribuye a que los números finales no sean negativos.
En cuanto a la industria, más del 50% de las almazaras españolas son cooperativas, por lo que, según sus estatutos, no tienen ánimo de lucro; por tanto, ni tienen ni deben ganar dinero, sino descontar los costes de molturación al socio. Respecto a los industriales, pensamos que en las últimas campañas lo están pasando realmente mal, como ellos mismos nos transmiten a menudo. Así, aquellos que sean eficientes vía costes y dimensionamiento, gestionen bien el valor de los subproductos y no entren en especulación, salen adelante vía maquila; del resto tenemos ejemplos recientes de caídas sonadas.
Por último, los envasadores merecen capítulo aparte, porque aunque ganen poco o nada en el mercado minorista español, quizás si estén teniendo mayores márgenes fuera de España. El aceite de oliva, digan lo que digan, está de moda en el mundo y fuera de nuestro país sí existen márgenes en los lineales. Las mismas marcas, en idénticas cadenas, venden el aceite a un PVP de 1,90 en Madrid el mismo día que lo expiden a 4,80 en Roma… Quizás les convenga renunciar al margen en España, que es la que marca el precio mundial de la venta en origen, y ganarlo fuera… y ahí lo dejo.
4.- En nuestra opinión sí se corresponden con la realidad, tal y como he argumentado.
5.- La presión de la distribución utilizando el aceite de oliva como producto reclamo, la falta de unión en la oferta de aceite en origen y la ausencia de financiación bancaria para todos, lo que obliga a vender al precio que se demanda.
6.- Sería aconsejable un gran pacto entre la distribución y la producción que, considerando al aceite de oliva como un producto estratégico en nuestro país, sea remunerado a un precio mínimo que asegure la rentabilidad sostenida en toda la cadena. Para ello se deberían frenar las superofertas aplicadas a nuestro producto. Porque en España, que es donde el aceite está muy barato, no se vende más en los últimos años… por tanto estamos traspasando al consumidor un descuento y un margen que nunca exigió. El consumidor es realmente el único beneficiado con esta situación, porque compra un producto sin gastar lo que realmente vale su elaboración.
Por otra parte, es necesario llevar a cabo una comunicación efectiva al consumidor: tenemos la grasa más saludable de todas las conocidas y ningún otro alimento español posee más argumentos de venta que el aceite de oliva virgen. Así pues, comuniquémoslo y eduquemos a los consumidores en los aceites de calidad, porque ahí está el margen y ahí está el futuro.

 

José Cano, gerente de Antonio Cano e Hijos, S.A.

1.- Es cierto que la rentabilidad del olivar a partir de 2005 comenzó a decrecer hasta llegar a los momentos actuales, en que deja de ser rentable y con pocas perspectivas si no encontramos el rumbo. Tuvimos una época dorada entre 1992 y 2005, gracias a la entrada en el mercado común y al trabajo bien hecho de los italianos. En 2005 quisimos jugar a ser líderes en el mercado comprando marcas italianas y precisamente hemos conseguido la ruina del Mediterráneo, gracias a la generosidad bancaria para prestar dinero a ningún proyecto, y con buenos padrinos políticos.
2.- Las industrias van cayendo poco a poco. Hay concentraciones de empresas y en general descapitalización. Mucho afán de supervivencia esperando tiempos mejores.
3.- El mercado exterior tenía un valor añadido hasta hace poco tiempo. La globalización y la lucha por la supervivencia de muchas empresas españolas han conseguido que ese valor añadido haya desaparecido.
4, 5 y 6.- En mi opinión, la situación actual es fruto de la poca profesionalidad de la producción. No se puede gestionar peor una campaña como la actual. Es imposible poner de acuerdo a los pocos grupos que hay y marcar las pautas del sector productor. Falta un proyecto claro y ambicioso orientado a ganar consumo a nivel nacional e internacional.
Por otra parte, no se puede estar todo el día hablando de calidad con la ignorancia que demuestran nuestros representantes. Da pena escucharlos, comprobar el poco conocimiento que tienen del producto, no se han preocupado de estudiar, sólo de llevar la pancarta y el insulto.
Hay que hablar de las ventajas del aceite de orujo, del aceite de oliva, de la bondad del virgen extra. Todo en positivo. Adaptémonos al gusto del consumidor y ofrezcámosle el tipo de aceite que demanda: dulce, verde y un poco aromático, que nace o se hace, y conseguiremos abrir puertas.

 

Juan A. Morillo, director general de Basilippo Calidad Gourmet, S.L.

1.- En una almazara se producen tres tipos de aceite de oliva virgen: extra, virgen y lampante. El problema no es sólo el beneficio, sino el coste. Dependerá de si queremos hacer un virgen extra de alta gama, Premium… o un lampante. No se puede elaborar un virgen o lampante con reducidos costes y etiquetarlo como virgen extra. Este grave problema está provocando que aquellos que honradamente quieren producir un virgen extra y venderlo según ese “engañoso” mercado no puedan hacerlo o se reduzca su rentabilidad.
Por tanto, el problema de la rentabilidad es real para aquellos que buscan hacer un virgen extra de verdad e intentar venderlo al precio de los vírgenes extra de mentira.
2.- A los precios actuales es imposible iniciar un negocio que genere rentabilidad para pagar las amortizaciones y la inversión de una industria y a sus empleados. Ahora bien, elaborando vírgenes extra de mentira y vendiéndolos como si fueran de verdad, sumado a las ayudas destinadas a la industria y al olivar, hace que sea posible que este sector pueda subsistir.
3.- La refinación y el precio de venta al público sí tienen márgenes adecuados para esa industria. El problema surgió con la moda del virgen extra. En España no interesa. El virgen extra de verdad tiene costes de producción muy elevados y el consumidor -por falta de conocimiento o más bien a falta de que le den ese conocimiento- no estaría dispuesto a pagar el precio justo por un verdadero virgen extra, al menos no de forma masiva. Quizás de esta forma se mantengan en España las ventas de lo que realmente interesa vender, que es un refinado. En el exterior es distinto. Allí el impacto del virgen extra es importante y es el que realmente tiene futuro. No merece la pena ir en contra de ese crecimiento. Quizás el éxito de los vírgenes extra verdaderos en el exterior consiga reconducir algún día los desmanes del mercado interior.
4 y 5.- El español consume 10-12 litros de aceites de oliva, de los que 2-3 son vírgenes extra. Si a esto añadimos que más del 80% de las compras se realizan en supermercados e hipermercados, y que allí casi todo es virgen extra mentiroso, ¿cuánto virgen extra verdadero se consume? Muy poco. Por tanto, el verdadero interesa a muy pocos y el falso y el refinado interesa mucho y a muchos. Haría falta mucho tiempo e inversión para que el consumidor entienda que el verdadero virgen extra es un zumo natural, valioso y saludable.
6.- ¿Soluciones? Tiempo y cultura, divulgación del auténtico virgen extra. Será una guerra de guerrillas, pero a base de cultura y éxitos en el exterior conseguiremos derrocar la incultura, quizás interesada, que se ha intentado inculcar al consumidor. Queremos que la palabra virgen extra esté presente solamente en los vírgenes extra. Para los otros, les doy una idea: que pongan en grande “Este es el aceite-aceite de toda la vida, su olor y sabor te recordarán al de siempre”. Así no habrá engaño. Ellos seguirá vendiendo mucho -porque hay muchos consumidores a los que les gusta así- y los vírgenes extra se venderán como mínimo a un precio mucho más alto del que tienen ahora. Entonces será una lucha de guante blanco, sólo marketing y en igualdad de condiciones. Déjenos competir, pero entre los de verdad. Y la Administración... “laissez faire, laissez passer”.

 

Luis Folque, director de Compras de aceite de oliva del Grupo Sovena

1.- Consideramos que la rentabilidad de la cadena de valor es baja. Somos de la opinión de que, además de mejorar la competitividad de toda la cadena de valor, que es una prioridad, deberíamos conseguir un equilibrio de precios que no provoque una bajada de consumo.
2.- Lo resumo en cinco puntos: la eficiencia de la producción española; el know-how, que coloca a España a la vanguardia en términos de innovación; las ayudas a la producción y las subvenciones destinadas a inversiones; una cultura que se adapta muy bien al clima del centro y sur de España; y el hecho de ser un cultivo permanente cuya falta de mejores alternativas dificulta la sustitución.
3.- El mercado español es muy competitivo y utiliza muchas veces el aceite de oliva como producto “gancho”. Estamos de acuerdo en que la exportación funciona muchas veces como una vía de escape en busca de rentabilidad, pues en determinados países el aceite de oliva es considerado un producto Premium y por eso puede admitir márgenes superiores.
5.- Por una parte, la expectativa de una muy buena campaña en España y en el mundo y, por otra, una diminución muy significativa del consumo, en especial en España, Italia, Grecia y Portugal, países fuertes en términos de producción. Sin olvidar, claro está, la crisis internacional que limita el poder de compra del consumidor.
6.- Creemos que insistir en la valorización del aceite de oliva y su promoción debe ser el camino. Promover el aceite de oliva como la grasa más saludable y más adecuada para su uso en cocina. Cuidar al máximo la imagen del producto, recuperar el consumo perdido en los países productores y seguir captando nuevos destinos, pues todavía existen muchas partes del mundo donde no se consume aceite de oliva.

 

Rafael Sánchez de Puerta, ex director gerente de la Federación Andaluza de Empresas Cooperativas Agrarias (FAECA)

1.- Es real. Está claro que la rentabilidad en este sector ha caído radicalmente en toda la cadena. Los productores se están manteniendo por las ayudas de la PAC, mientras almazaras, envasadores y distribución obtienen un beneficio anormalmente bajo. En cuanto a las almazaras, el caso de las cooperativas es muy particular, pues el beneficio no se busca en la almazara, sino que éste se traslada al valor de la materia prima de los productores socios. En resumen, se trata de que el producto pierda el menor valor posible a lo largo de los distintos procesos, entre ellos, el de molturación y almacenaje.
Esta baja rentabilidad se debe, principalmente, al abaratamiento del precio del aceite de oliva en los últimos años, lo que ha provocado que los márgenes se hayan ido estrechando a lo largo de toda la cadena.
2 y 3.- La estructura del sector es compleja. Habría que analizar todos los eslabones de la cadena agroalimentaria para poder dar una respuesta adecuada a esa pregunta. En primer lugar, tenemos un sector distribuidor con un nivel de competencia que ha llevado a márgenes mínimos en todos los productos y especialmente en el aceite de oliva, con el añadido de que el aceite de oliva es uno de los que utilizan como reclamo, sacrificando su margen.
A esto se une el hecho de que el 60% del aceite de oliva en España se comercializa bajo marca del distribuidor (marca blanca), lo que ha provocado una competencia enorme en el sector envasador y ha dejado un espacio muy limitado a las marcas propias.
En consecuencia, tenemos un sector que se ha convertido en un negocio de volumen, con escasos márgenes, lo que explica su salida a los mercados exteriores para buscar la rentabilidad que no encuentra en el español; de ahí los incrementos en la exportación de graneles y envasados, un capítulo al que el mercado oleícola español está destinando ya más del 60% de su producción.
4.- Tal y como he argumentado, los datos sí se corresponden con la realidad. Simplemente, quiero subrayar que el mercado en los países productores es un mercado maduro, sustentado más en los volúmenes que en los márgenes y cuya estrategia comercial está muy orientada a la internacionalización, donde esos márgenes son muy diferentes.
5.- En primer lugar, el considerable aumento de la producción y, en segundo, el desequilibrio de la cadena agroalimentaria, como consecuencia de la concentración de la industria y la distribución y la desaparición paulatina de los mecanismos de gestión de mercados. Como todos sabemos y no nos cansamos de repetir, la distribución está muy concentrada, mientras el sector productor se encuentra todavía hoy muy atomizado.
6.- Las soluciones pasan por una necesaria ordenación de la oferta, mediante el establecimiento de exenciones en materia de competencia, de modo que se permita a este sector, con producciones tan variables, cierto margen de maniobra para corregir los desequilibrios entre oferta y demanda. Asimismo, es necesario continuar fomentando el consumo, mejorar la información a los consumidores y establecer algún límite al crecimiento de la marca blanca en los canales de distribución, pues como ya hemos dicho representa en la actualidad más del 60%. Por último, es imprescindible continuar apostando fuertemente por los mercados exteriores.

 

Aurelio del Pino, director general de la Asociación de Cadenas Españolas de Supermercados (ACES)

1.- Efectivamente, el estudio de la cadena de valor del AOVE que elaboró el Ministerio demuestra que la cadena es  muy eficiente, pero también muy tensa. Los datos del Ministerio y, posiblemente los del estudio italiano, se basan en muestras y estadísticas de precios medios y en determinadas horquillas de referencia cuya metodología no procede enjuiciar salvo en un punto: no se contemplan las subvenciones de la PAC como ingreso de explotación. Aunque conceptualmente la PAC haya cambiado su enfoque, la lógica económica del productor sigue considerando las subvenciones como un rendimiento más de su actividad.
En cuanto a los márgenes netos del último eslabón de la cadena, la distribución comercial, éstos se están moviendo en unas cifras que oscilan entre el 1 y el 2% en la mayoría de los casos, que se pueden comprobar en los balances publicados.
2.- Desde ACES venimos defendiendo, desde mucho antes de la crisis, que la producción agraria tiene que ser viable en términos de rentabilidad económica. Ante la imposibilidad de intervenir en el mercado -derivada de nuestros compromisos internacionales, del marco normativo comunitario y la normativa de competencia-, debe ser el propio sector productor el que tome conciencia de este objetivo y el que adopte decisiones para avanzar en la integración de la cadena de valor y conseguir una dimensión competitiva para poder alcanzar esta rentabilidad.
3.- Los criterios de formación del precio dependen de cada mercado y son independientes y propios de cada uno. En el mercado español, el precio de venta al público se forma a partir de la situación de los mercados de aprovisionamiento (oferta y demanda) y de la competencia dentro del canal minorista. Cada país es un mercado diferente con distintos costes de aprovisionamiento y con una demanda igualmente diferente, de modo que no son comparables. Lo que sí es cierto es que las cifras del mercado, según las cuales nuestro país es responsable de casi la mitad de la producción mundial, marcan claramente la necesidad de orientar mejor la actividad exportadora.
4.- Creo que no hay un mercado más transparente, con más datos, estadísticas, estudios, análisis en las fases de producción, existencias, envasado, comercialización, venta al público, exportación y comparativas internacionales, que el del aceite de oliva. Todos estos datos son públicos y cualquiera puede acceder a ellos para trabajar y ubicarse en el mercado. Lo que falta es una capacidad de análisis conjunto que permita poder extraer conclusiones operativas para la toma de decisiones.
5.- La última campaña -con una producción muy inferior a la de años anteriores- ha venido a demostrar algo que nosotros hemos señalado recurrentemente, y es la necesidad de dar salida a la producción española de aceite de oliva. El nivel medio de producción de los últimos 10 años ha sido un 50% superior al de los años anteriores. Han entrado en cultivo miles de hectáreas de olivar intensivo con una productividad y rentabilidad muy altas. El mercado nacional no es capaz de absorber esta producción, por lo que el mercado de origen es el que ha marcado el nivel de precios.
6.- Falta una visión estratégica nacional para un producto tan importante como el aceite de oliva. El producto es excelente y valioso desde el punto de vista gastronómico y saludable, y España tendría un gran potencial si se definieran claramente las prioridades. Entretanto, los intereses enfrentados dentro de la propia producción agraria, los territorios, las DOPs, las almazaras, las cooperativas, los envasadores y los exportadores hacen difícil adoptar esta visión estratégica. En esta labor, la distribución podría llegar a jugar un papel importante, ya que el contacto con el consumidor nos proporciona un buen conocimiento de cómo se puede vender más y mejor.

 

Pedro Barato, presidente de la Asociación Agraria Jóvenes Agricultores (Asaja)

1.- En primer lugar, habría que decir que cada almazara es, en sí misma,  una fábrica con rendimientos distintos en función de la maquinaria que emplee, el seguimiento de los procesos necesarios para la obtención del aceite, la calidad de la aceituna molturada y el proceso extractivo seguido. Estos y otros factores determinan la cantidad y calidad del aceite extraído por kilo de aceituna recepcionada. Tras esta primera fase industrial viene otra que, desde mi punto de vista, es tan importante o más que la anterior: la comercialización del aceite. De ella, en función del circuito comercial que se siga, se podrán obtener mayores o menores beneficios, incluso pérdidas, en función de los canales elegidos. Además, cada vez en mayor medida, los precios en origen dependen de las disponibilidades mundiales de aceite de oliva, un factor que puede determinar la evolución de los precios. Sin embargo, en años como el actual donde la producción de la campaña 2012/13 en España ha sido muy baja, lo que ha provocado una disminución de los aceites disponibles para el mercado, los precios en origen en nuestro país no han respondido a la ley de la oferta y la demanda, pero en cambio sí se han visto muy afectados por las primeras estimaciones de producción de la campaña 2013/14 que auguran una cosecha media-alta en España.
2.- El mapa del olivar español está sufriendo transformaciones y es el olivar tradicional el que se encuentra en mayor peligro de desaparición si no se consigue revitalizar los precios, con medidas emanadas desde el propio sector, sustituyendo así mecanismos como la intervención pública que ha desaparecido como tal de la legislación comunitaria. En muchas zonas el olivar es cultivado a tiempo parcial o como cultivo complementario de otras rentas agrarias, siendo atendido en muchos casos en régimen familiar con el objeto de reducir el número de jornales pagados. La mecanización parcial de su recolección, en ciertos olivares, contribuye a disminuir los gastos de esta costosa labor, lo que ha provocado que en algunos casos y durante los últimos 10-15 años se hayan acometido transformaciones de olivar para hacerlos más mecanizables.
En cualquier caso, no podemos olvidar el importante papel dinamizador del olivar, proporcionando un buen número de empleos directos e indirectos, actuando sobre el medio ambiente y propiciando belleza paisajística, además de conseguir oportunidades de negocios que fijan población en el medio rural.
3.- No cabe duda que el mercado de exportación es vital para el aceite de oliva teniendo en cuenta nuestras producciones medias actuales y el consumo interno maduro, como lo confirman los datos de las últimas campañas y la presencia en nuevos mercados emergentes, convirtiendo este destino exterior en imprescindible para dar salida sin provocar excedentes en los balances de campaña oleícola. El hecho de llegar a mercados extranjeros y las presentaciones en diversos envases y capacidades supone un valor añadido que por la vía del precio los exportadores tratan de colocar a sus clientes del exterior, compitiendo con otros países que tratan de acceder a los mismos mercados.
4.- Los datos son correctos y no hacen otra cosa que confirmar la importancia del cultivo del olivar dentro de la agricultura española y su relevancia en la producción global de cada campaña oleícola, así como el hecho de que España actualmente es un referente de los precios a nivel mundial. Incluso está afectando a los programas públicos o privados que algunos países como Estados Unidos, Argentina, Marruecos o Siria tienen diseñados en sus ámbitos territoriales.
5.- Es difícil explicar cómo es posible que en una campaña como la 2012/13, que ha terminado con las existencias en mínimos, los precios en origen no hayan experimentado un repunte considerable y que, lejos de eso, las cotizaciones hayan ido de más a menos para terminar en valores que ponen en dificultad a muchas plantaciones de olivar españolas.
El aceite de oliva, junto a otros productos básicos de la alimentación como la leche y el pan, está siendo sistemáticamente utilizado como producto reclamo ante una demanda debilitada por la situación económica actual. En este contexto considero imprescindible que todos los agentes de la cadena lleguemos a acuerdos para terminar con esta práctica y con la banalización del aceite de oliva por parte de la distribución. En este sentido, la marca de distribución también está afectando a los precios finales, que habitualmente se trasladan hacia abajo hasta llegar al productor y al olivarero.
6.- Además de lo que he comentado en el punto anterior, hay que continuar colaborando con la Interprofesional en materia de promoción, investigación y transparencia del mercado y, desde luego, aprovechar la nueva ley de medidas de mejora de la cadena alimentaria para suprimir prácticas abusivas. No obstante, hay que seguir caminando hacia una mayor colaboración entre los distintos elementos que componen la cadena.

 

Álvaro Olavarría, director gerente de Oleoestepa, S.C.A.

1.- En las almazaras, la búsqueda de beneficios se da sólo en aquellas que trabajan a maquila para terceros, o en otras que, formando parte en un negocio que integra toda la cadena, tienen bien definido e independiente este centro de costes. De otro lado, la almazara industrial y/o la cooperativa buscan la eficiencia en la elaboración, siendo sólo una herramienta para la consecución del fin, la comercialización de los aceites de oliva producidos por los olivares adscritos a la almazara. Dicho esto, en todos los casos se requiere de una alta competitividad que viene dada por una adecuada dimensión a los volúmenes a molturar. En las almazaras cooperativas más competitivas se trabaja con presupuestos y objetivos de eficiencia con objeto de reducir al máximo el gasto a repercutir por kilo de aceite elaborado y obtener la mejor calidad del producto final.
2.- En el sector oleícola, las mayores pérdidas se producen en buena parte en las explotaciones de olivar de tipo tradicional y escasa mecanización, y a partir de un tamaño que requiere del empleo de trabajadores externos. En la mayoría de las explotaciones mediterráneas de olivar -aproximadamente en un 65% de ellas-, y debido a su pequeño tamaño, la actividad económica procedente del olivar es complemento de renta y se lleva a cabo con empleo de la propia familia o apoyo de otros pequeños olivareros vecinos. Las ayudas de la PAC en España son decisivas para la viabilidad de todas las explotaciones olivareras, salvo algunos olivares intensivos o superintensivos con alta productividad, que son rentables incluso en años de bajos precios en origen. Es, sin lugar a dudas, el eslabón más débil de la cadena. El negocio de la industria envasadora es igualmente muy competitivo y sus beneficios dependen de los objetivos marcados y la estrategia seguida. Hay tantos modelos de negocio y resultados económicos diferentes como marcas y estrategias seguidas.
3.- Los términos de los escandallos para construir el precio final de un producto no son iguales en función de si su venta se realiza en uno u otro canal, igual que no lo es para el mercado nacional o internacional. Sí deben ser iguales las políticas de fijación de precios de la empresa para cada una de sus marcas y posicionamientos, pero el resultado de un mismo producto y marca en diferentes países puede no ser el mismo. Sí es cierto que en el comercio internacional, en determinados países, hay menos competitividad y agresividad comercial que en España y se trabaja con mejores márgenes.
4.- Es cierto que existe mucha competitividad, que algunas industrias envasadoras terminan desapareciendo o en manos de otras más grandes, y que algunas enseñas de la gran distribución -en España especialmente- pueden perder dinero con la categoría de aceites. En la parte de la producción, buena parte del olivar surgido de una economía familiar, sin las ayudas de la PAC, estaría abocado a desaparecer, pues no cabe reconversión alguna.
5.- La banalización del producto. Tenemos que ponerlo en valor y que sea un producto de demanda y no de oferta, pero esto, con un alimento de gran consumo, es muy difícil.
6.- Tenemos la suerte de contar con la única Interprofesional del Aceite de Oliva del mundo, con cuatro años de experiencia y recursos económicos para poner en valor esta grasa vegetal tan saludable. Hay que trabajar más los mercados internacionales, donde crecerán las ventas para equilibrar los balances oleícolas españoles, que en su desequilibrio llevan los precios en origen del aceite de oliva a la ruina. Llevo años proponiendo que la Interprofesional trabaje con Rafa Nadal, Fernando Alonso, Pau Gasol, Marc Márquez, la selección española de fútbol, etc. ¿Que vale mucho dinero? ¿Y cuánto estamos perdiendo cada año desde hace unas décadas?

 

Grupo Deoleo, líder mundial en venta de aceite envasado

1.- Para nosotros esto es una absoluta exageración. Según el último estudio de la cadena de valor del Ministerio de Agricultura, para una plantación tradicional el coste de obtención de 1 kilo de aceite de oliva está en torno a 1,6 euros. Durante el año 2013 el precio medio ha oscilado entre los 2,5 y 2,7 euros/kg. para España, y en un rango de entre 3 y 3,2 euros/kg. para Italia. En el caso de explotaciones intensivas y superintensivas, el coste medio de obtención de 1 kg. de aceite de oliva está por debajo de 1,6 euros.
2.- A la vista de estos datos, es evidente que si los márgenes de rentabilidad fuesen tan exiguos, el sector oleícola no tendría el tamaño y peso que estas cifras demuestran.
3.- No, porque los únicos actores que hoy en día tienen acceso a esa mayor rentabilidad que ofrece el mercado exterior son los exportadores de producto envasado.
4.- Desconocemos cuáles son los intereses a los que se refiere, ni a quién le interesa que esos datos vean la luz.
5.- En España el aceite de oliva se ha convertido en un producto reclamo para generar tráfico de clientes en la distribución. Esto tiene como resultado la baja rentabilidad para la distribución y, por ende, para toda la cadena de valor.
6.- La solución pasa por dar al aceite de oliva el valor que realmente tiene, dejando de banalizar el producto, y mejorar su imagen desde su condición de pilar de la Dieta Mediterránea. También consideramos que estratégicamente es muy importante mantener una constante labor promocional.

 

Gregorio López, responsable del sector del aceite de oliva de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG)

1.- Los productores llevamos cuatro años de pérdidas, lo que significa que todo el tejido socioeconómico que nos rodea también pierde. Sin embargo, los eslabones intermedios, la industria y la distribución, no sólo no pierden, sino que ganan, porque su margen de beneficio -teniendo en cuenta los bajos precios que pagan por la materia prima- es alto. En los últimos cuatro años, los olivareros hemos perdido unos 3.000 millones de euros, que es el equivalente a las ayudas que hemos recibido de Bruselas en ese periodo. Ese dinero ha ido a manos de la distribución, que según sus estrategias vende caro lo que compra barato, o bien vende muy barato el aceite, usándolo como reclamo para conseguir beneficios en la venta de otros productos que se ofrecen en sus establecimientos.
2 y 3.- Por lo que respecta a los productores, subsistimos recortando en todo lo que podemos: menos tratamientos, menos abonados, menos trabajadores… Todo ello repercute en el medio rural: se crea menos empleo y hay menos negocio para las empresas auxiliares relacionadas con el sector. También repercute en nuestra renta, que no deja de descender y está en niveles de hace 20 años. Habrá quien abandone, pero el abandono tampoco es una solución a nuestro problema, sino seguir trabajando y luchando para acabar con las situaciones injustas a las que tenemos que enfrentarnos.
El sector se caracteriza por el tremendo desequilibrio de los distintos eslabones de la cadena alimentaria. Somos líderes en producción y en calidad, pero eso no se ve reconocido con un precio justo, porque el mercado del aceite de oliva funciona en clave especulativa. No se rige por la ley de la oferta y la demanda, sino por decisiones que se toman en despachos de empresas que son las que de verdad obtienen los beneficios de nuestro trabajo. Desde COAG hemos denunciado el funcionamiento del mercado del aceite de oliva ante la Comisión Nacional de la Competencia, porque hemos observado que el precio que recibimos por nuestro producto no se corresponde con las circunstancias: cuando una cosecha es buena, baja el precio en origen, pero cuando es corta, como el año pasado, el precio debe subir y, sin embargo, no lo hace… ¿por qué?
4.- El del aceite de oliva es un sector muy sensible. Se mueve por impulsos, por expectativas… Por eso, la transparencia es muy importante. En España tenemos mucha información sobre la producción. En Andalucía, que aglutina el 85% de la producción estatal, la Consejería ha hecho público un aforo muy optimista cuyos datos, por cierto, no compartimos. Pero no tenemos esa información de otros países productores. Ni por supuesto tampoco de los precios y márgenes comerciales con los que operan las grandes distribuidoras. Lo que sí está claro es que, según el estudio de la cadena de valor del Ministerio de Agricultura, producir un litro de aceite de oliva virgen extra cuesta 2,40 euros. Todo lo que sea vender por debajo de ese nivel es perder dinero.  
5.- La situación actual tiene mucho que ver con el tremendo desequilibrio que existe entre los distintos integrantes de la cadena alimentaria, como ya hemos comentado. La Ley aprobada por el Ministerio no resuelve este problema, porque no permite que los productores tengamos capacidad de decisión a la hora de poner precio a nuestro producto. Estamos sometidos a las condiciones que nos quieran imponer desde una distribución muy concentrada -tres grandes grupos dominan el 60% de la venta final-, que se opone a una oferta muy disgregada por todo el territorio.
6.- Hay que avanzar en cuanto a concentración de la oferta para intentar fortalecer nuestra posición en la cadena agroalimentaria, pero también necesitamos de actuaciones políticas que reconozcan el peso que tenemos, por ejemplo, con una ley de interprofesionales en la que nos podamos sentar con la distribución y también, por qué no, con los consumidores, y en la que se hable de precios vinculados a costes de producción; o con unas normas de competencia que reconozcan la singularidad del sector agrario.
En definitiva, se trata de que el sector tenga más regulación, tanto en el ámbito estatal como en el comunitario, donde echamos de menos, por ejemplo, la actualización de los precios desencadenantes del almacenamiento privado de aceite de oliva.

 

Antonio Luque, director general del Grupo Dcoop

1.- Todo el mundo sabe que este sector es uno de los que menos margen tiene, incluso dentro del depauperado sector agrario, aún siendo este producto tan beneficioso y disfrutando de tan buena imagen. A los niveles de precios actuales hay muchas explotaciones que no son rentables; ahora bien, también es cierto que los ingresos del olivar son complementarios para muchas familias y van a seguir produciendo. En cuanto a la industria, la presión de precios a la baja en este producto reclamo ejercida por la distribución hace que veamos precios en los lineales por debajo de los costes de producción. De cara al futuro tenemos que plantearnos dos líneas de trabajo: cómo intentar vender mejor nuestras producciones, para lo cual es imprescindible estructurarnos y organizarnos; y cómo abaratar costes en todos los eslabones, desde nuestra explotación hasta la almazara.
Como en cualquier industria, el margen dependerá de la rentabilidad de cada centro de producción y del acierto o error de la estrategia seguida por cada comercializadora. Lo que sí es cierto es que el sector oleícola nunca ha sido un negocio de margen, sino de volumen, con altos niveles de facturación y escaso beneficio neto. La cultura del pelotazo no es apta para el oleicultor, aquí sólo se valora el trabajo y la estrategia de ventas. La lectura positiva de este tipo de industrias es que se mantienen estables cuando arrecian crisis financieras, como la que estamos atravesando. En medio de este escenario, ya querrían muchas empresas contar con el flujo de tesorería de una oleícola.
2.-  Por el ingente volumen de la producción del olivar. A poca rentabilidad que se obtenga, se salvan los ejercicios económicos con más o menos éxito. El reto es conseguir que nuestro Ebitda no sólo garantice el sostenimiento del empleo y mejore las liquidaciones de nuestros socios, sino que además nos permita seguir creciendo para llegar más lejos, a nuevos mercados, con nuevos productos, y ofreciendo mayor valor añadido. Hay que dejar atrás la imagen del olivar como fuente de ingresos secundarios para las familias que dedican su tiempo libre a recoger aceituna. Este es un sector fundamental dentro de la economía nacional y como tal debe estar altamente profesionalizado si queremos que se tome en serio a los productores en el mercado.
Por otro lado, hay centenares de municipios que viven del olivar sin otra alternativa, por lo que depende de nosotros que intentemos generar más o menos valor añadido liderando el mercado. Es cierto que el olivar ha vivido buenos años, pero el colchón de la hucha del ahorro se está acabando y cada vez se hace más perentorio dar pasos adelante.
3.- Quien haya apostado por la internacionalización sin duda lo nota en sus resultados. Volvemos a la profesionalización, y conste que en España se ha avanzado a pasos agigantados en las últimas décadas, pero la distancia a salvar en materia de comercialización entre los italianos y nosotros era inmensa. Son muchos los que se llevan las manos a la cabeza cuando viajan al extranjero y ven aceites con enseñas españolas a precios que consideran desorbitados. Pues no hay más que aplaudir la comercialización del producto. Sobre la espalda del productor no pueden pesar todos los costes de la cadena de distribución del aceite. Si fuera de España se ha logrado que el AOVE tenga un reconocimiento tal que el consumidor esté dispuesto a pagar por un artículo que considera de alta calidad, entre otros muchos atributos, tendremos que vender fuera. En España hemos llegado a un punto en el que vender aceite no genera valor, porque lo hemos banalizado totalmente. Hará falta tiempo y esfuerzo para otorgar al aceite el puesto que se merece. Se trata de una cuestión cultural: se consume menos aceite de oliva virgen extra que en otros destinos, se usan aceiteras rellenables, se utiliza el aceite como sempiterna oferta en los folletos de los supermercados...
4.- No estamos en disposición de poner en duda los datos que nos ofrece un estudio elaborado por una institución que merece nuestro mayor respeto, pero no hace falta hacer un estudio porque todos los que vivimos de esto lo sufrimos diariamente. Si alguna reacción nos merece, es la de la autocrítica. Cuando la rentabilidad flojea hay que ponerse a trabajar, más y mejor, como en cualquier sector. De ahí que insistamos en la concentración de esfuerzos por parte de la oferta frente a la demanda con el único fin de lograr más organización para operar en el mercado en igualdad de condiciones, mayor optimización de los recursos productivos, más capacitación para mejorar la oferta innovando, desarrollando nuevos productos, abriendo mercados nuevos… en definitiva, volvemos a lo mismo, profesionalizar.  
5.- El mercado está asentado sobre pilares que descansan casi únicamente en el productor, cuando lo natural y lógico sería que ese peso se repartiera entre toda la cadena de comercialización, incluido el consumidor, que es quien debe estar en disposición de ejecutar o no su opción de compra en función de dos parámetros bien conocidos: la calidad y el precio. A ello se une también la influencia de las cadenas de distribución en sus guerras para captar clientes usando como munición el aceite como reclamo. Desgraciadamente, el sector no ha sabido transmitir correctamente esta información a sus consumidores, de tal manera que hoy día ni siquiera un español puede alardear de ser embajador de un producto tan nacional como el aceite. Las probabilidades de que sepa discernir entre un oliva y un virgen, y entre éste y un virgen extra, son ínfimas. Por tanto, no pretendamos que pague más por uno que por otro ni que entienda el valor de uno frente al otro.   
Dicho esto, nuestra falta de organización ha hecho que no tengamos estructuras adecuadas que permitan valorizar y defender la calidad de nuestros productos frente al canal de comercialización y la industria. La concentración de la distribución ha empujado a la concentración de la demanda en muy pocos operadores y, frente a ello, está la atomización de los productores -primeros interesados en seguir viviendo del sector-. Este es un trabajo que depende de nosotros, no de los demás.
6.- La organización de la oferta para alcanzar mayores niveles de profesionalización y tener mejores oportunidades en el mercado con una mejor posición negociadora, como estamos haciendo desde Dcoop, es la clave. El modelo cooperativo es grande porque permite a los productores mantener el control sobre su patrimonio y tomar decisiones por sí mismos sobre su futuro en lugar de que se gestione en los despachos de un grupo de inversores. Pero esa virtud de la economía social no debe apartarnos de la realidad de un mercado cuya demanda se concentra en muy pocas manos dispuestas a operar en beneficio propio, como no puede ser de otro modo. La inoperancia en la toma de decisiones, la falta de información, la escasez de recursos financieros… todo aquello que hoy día debilita a la oferta puede salvarse mediante la concentración de esfuerzos. Por ello, las medidas que deberían adoptarse desde la Administración con carácter inmediato tienen que estar encaminadas a facilitar y alentar procesos de integración. Por otro lado, la divulgación honesta y real de la cultura del aceite de oliva entre la población es a medio-largo plazo el único futuro viable que le queda a este sector.

 

Rafael Muela,  director comercial de Mueloliva

1.- Es complejo saber si es así. Según tengo entendido, la mayor parte de las almazaras en Italia tienen poca dimensión, por lo que es muy probable que no lleguen a las economías de escala de las españolas y, por tanto, a cubrir costes.
2.- Por inercia y/o falta de alternativas de negocio distintas, e incapacidad para salir de un sector que, aunque tenga márgenes exiguos, no deja de ser rentable por el volumen que se mueve.
3.- En cierta forma sí, en nuestro caso el mercado nacional nos da volumen para diluir los costes fijos, mientras que el mercado exterior aporta el beneficio.
4.- Lo desconozco.
5.- Falta de concentración del sector y excesiva simpleza en la estrategia competitiva, basada únicamente en los costes.
6.- Cambiar la forma de competir, buscando propuestas de valor ganadoras, a través de la innovación, mejorando la calidad (beneficios/rendimiento funcional) y la imagen de los productos que comercializamos.

 

Luis Miguel Martínez, secretario de Agricultura, Promoción y Mercados de UPA-Jaén

1.- El Ministerio de Agricultura cifra los costes de producción de un kilo de aceite en los 2,40 euros. En un año como el que acabamos de pasar, sin producción ninguna, que conseguimos cerrar con 616.000 toneladas, aquella cooperativa o almazara que haya liquidado a 2,55 euros, por ejemplo, se ha podido dar por satisfecha. En cambio, en años de producciones normales como el actual el precio del aceite no pasa prácticamente de los 2 euros. Por lo tanto, está claro cuál es la realidad del sector productor, que no puede cubrir costes con los bajos precios en origen actuales.
2.- Básicamente, gracias a que la mayoría de las explotaciones son pequeñas y familiares. Y estas empresas gestionadas por la propia familia subsisten gracias a las subvenciones. De ahí la importancia de que suba el precio en origen o de mantener el actual pago único. De lo contrario, el sector productor se quedará muy tocado para afrontar el futuro, puesto que la viabilidad de la mayoría de las explotaciones depende del dinero que proviene de la PAC. Esto es así porque, insisto, los precios están ruinosos gracias a la política abusiva de la gran distribución, que tira por el suelo el exiguo beneficio del productor.
3.- Para la distribución sí, para los productores no. Quien realmente obtiene el beneficio en el extranjero son los distribuidores, no los productores.
4.- Más bien habría que preguntar a quién no le interesa que los datos salgan a la luz. Entendemos que la transparencia es fundamental en cualquier sector, especialmente en el olivarero. Aunque, claro está, quien gana el dinero siempre intentará evitar que los datos se conozcan. A los productores, en principio, nos interesa que se sepa la realidad del sector y de la cadena de valor, así como la importancia de la internacionalización y de la venta del aceite en mercados extranjeros, sin olvidar el nacional.
5.- No toda la cadena sufre la situación de escaso umbral. La distribución gana, aunque sea indirectamente, utilizando el aceite como producto reclamo para el resto de productos de la cesta de la compra. Por lo tanto, en toda la cadena no se produce la circunstancia de vivir por debajo del umbral de rentabilidad. Sí se da en el caso de la producción. Una situación de bajos precios originada por la política abusiva de la gran distribución, que ha banalizado el producto y lo utiliza como gancho, insisto, para otros alimentos donde obtiene un mayor beneficio.
6.- Entendemos que la Administración tiene que potenciar todas aquellas políticas que fomenten la integración de las cooperativas. Consideramos vital que determinadas ayudas de la PAC se destinen directamente a la concentración de la oferta y no tanto a las almazaras para que modernicen sus instalaciones que, dicho sea de paso, están bastante bien. Lo fundamental para que el sector olivarero tenga futuro es ir a un modelo de empresas con una dimensión más que aceptable al objeto de que los productores tengan algo que decir en los precios. Concentrar la oferta en 4 ó 5 grupos fuertes que negocien de tú a tú con la gran distribución es el camino, unido a la calidad, que debe seguir este sector. Y para eso se necesitan políticas que incentiven la unión.

 

José Miguel Herrero, director de la Agencia de Información y Control Alimentarios

1.- No conozco el mencionado estudio italiano, por lo que me ceñiré a los estudios que ha elaborado el Observatorio de Precios de los Alimentos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.
Estos estudios, que se han convertido en una valiosa fuente de información, nacieron como estudios descriptivos para explicar el proceso de formación de los precios desde el campo al consumidor. En ellos se explica cómo se multiplica el precio y se detallan todas y cada una de las etapas por las que pasan los alimentos, cuantificando los costes asociados a cada una de estas etapas. Hay que distinguir entre el margen bruto (precio al consumidor menos precio percibido por el agricultor) y el margen neto o beneficio (margen bruto menos los costes).
En el último estudio de la cadena de valor del aceite de oliva en nuestro mercado interior, correspondiente a la campaña 2009/10 (CVAO0910) y aprobado por el Observatorio de Precios de los Alimentos del Magrama en 2012, se puso de manifiesto que el margen de las almazaras para el AOVE fue de 0,174 euros/kg., equivalente a un 8,2% del precio de salida (venta) de la almazara, mientras que para la categoría aceite de oliva (AO) fue de 0,001 euros/kg. (0,05%).
2.- La cadena de valor del aceite de oliva es una cadena muy comprimida. En el caso de los agricultores, las ayudas comunitarias contribuyen de manera decisiva al mantenimiento de la actividad, pues, según los estudios de la CVAO del Observatorio de Precios de los Alimentos, han arrojado pérdidas. En el caso de las almazaras y de las refinerías y envasadoras, los márgenes son positivos pero muy ajustados. Por tanto, la clave es conseguir grandes volúmenes de procesado o comercialización.
3.- El mercado es la interacción de oferta y demanda y los operadores deben disponer de información sobre precios a nivel internacional, que les permita buscar aquellos mercados que remuneren mejor sus productos.
No obstante, debido a la relevancia internacional de la producción de aceite de oliva español, los bajos precios en origen del mercado interior pueden terminar  condicionando a la baja los del mercado internacional.
5.- No podemos hablar de una única causa. En mi opinión, obedece a condiciones estructurales y coyunturales. Entre las primeras, destacaría la atomización de la oferta, y entre las segundas creo que la más importante es la crisis económica que lleva afectando al consumo interior año tras año. El factor precio es decisivo en el comportamiento de compra del consumidor y, debido a esto, se han multiplicado ofertas y promociones y ha crecido de manera importante la marca del distribuidor. Todo ello ha repercutido en que el gasto (resultado de multiplicar precios por cantidades) no haya aumentado.
Para corregir estos problemas, desde el Ministerio se está trabajando en políticas que permitirán mejorar los problemas estructurales del sector oleícola y que, a medio plazo, le dotarán de instrumentos para hacer frente a los problemas coyunturales que pudieran presentarse en las próximas campañas.
6.- Hay dos leyes que se han aprobado este verano y que van a atajar los problemas del sector. Tanto la ley de medidas para mejorar el funcionamiento de la cadena alimentaria como la ley fomento de la integración cooperativa van a contribuir a la competitividad del sector. No quiero dejar pasar la oportunidad de hablar del papel de la Agencia de Información y Control Alimentarios. En mi opinión, va a ser decisiva para conseguir un mercado más transparente, equilibrado y eficiente.
Además, el Gobierno ha suscrito en 2014 un importante convenio de colaboración con las organizaciones y asociaciones representativas del sector y la distribución, cuyo objetivo es definir un marco de cooperación a favor de la mejora de la calidad del aceite de oliva y de su valorización ante el consumidor y los mercados. El convenio incluye entre sus acciones la posibilidad de desarrollar campañas conjuntas de comunicación y promoción destinadas a la mejora de la percepción del valor y de la calidad del aceite. Por otro lado, se ha publicado un Real Decreto, que ha entrado en vigor el 1 de enero, para que los aceites de oliva y de orujo de oliva puestos a disposición del consumidor en el canal Horeca estén obligatoriamente envasados, etiquetados y con un cierre que pierda su integridad tras su primera utilización, debiendo ser, además, irrellenables.
Por último, me gustaría destacar el papel de la Interprofesional del Aceite de Oliva Español, que está realizando dos campañas dedicadas al comercio exterior; una cofinanciada con el Ministerio y la Comisión Europea que se va a llevar a cabo en India e Indonesia, y otra del propio sector en 10 mercados de cuatro continentes.

 

Ana María Romero, directora general de Calidad, Industrias Agroalimentarias y Producción Ecológica de la Consejería de Agricultura de la Junta de Andalucía

1.- Desde un punto de vista cualitativo, el sector productor italiano, incluyendo explotaciones y almazaras, en líneas generales, es diferente al español. En él tienen gran relevancia prácticas como la recolección manual, así como las almazaras que emplean sistemas de extracción de tres fases e incluso prensas hidráulicas. Es plausible que sus conclusiones sean similares a las obtenidas en el análisis del sector productor español, donde ciertamente el escaso margen económico de los eslabones de la cadena de valor es un hecho contrastado por diferentes estudios de probada solvencia.
Como referencia, en la Tabla 1 se representan los márgenes obtenidos, así como los costes de producción y los precios medios de salida obtenidos en las distintas fases que componen la cadena de valor del aceite de oliva en Andalucía, según el último estudio sobre la cadena de valor y formación de precios del aceite de oliva en Andalucía para la campaña 2009/10, elaborado conjuntamente por la Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía y el Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino a través de la Agencia para el Aceite de Oliva. Dicho estudio fue elaborado a partir de encuestas realizadas a diversos agentes en cada fase de la cadena de valor del aceite de oliva (AO) y del aceite de oliva virgen extra (AOVE). Su conclusión más evidente es lo comprimido de toda la cadena de valor, con márgenes muy ajustados para todos los agentes implicados, siendo más estrechos -e incluso negativos- en sus fases extremas (explotaciones y distribución).
2.- Porque el olivar es una actividad con gran predominio de la agricultura a tiempo parcial y familiar, y si no se considera como coste la mano de obra familiar -incluida la del titular- ni las amortizaciones del inmovilizado -que es un coste no “visualizable”-, se obtienen unos márgenes positivos, ciertamente reducidos, pero que suponen un complemento necesario para las rentas obtenidas con la realización de otras actividades económicas. Por otra parte, si se tiene en cuenta que la gran mayoría de la producción de aceite de oliva se obtiene en almazaras cooperativas (65% de la producción), hay que considerar que parte del margen logrado en éstas repercute asimismo en los agricultores, mejorando el obtenido en la explotación.
Otro hecho a destacar es que toda la cadena de valor es consciente de la existencia del pago único con el que cuentan los agricultores, lo que supone un elemento de negociación a la baja en el precio de compra del aceite por parte de los grandes envasadores e industriales, más si cabe teniendo en cuenta que el carácter permanente del cultivo del olivar no motiva que el agricultor se decida por otro cultivo.
3.- Esa apreciación sobre el notable beneficio que obtiene el aceite de oliva español en el mercado exterior no es del todo exacta, ya que, a pesar de estar entrando con fuerza en otros mercados, una gran proporción de estos volúmenes corresponden a producciones que buscan la competitividad en el mercado internacional frente a terceros competidores (principalmente Italia) a través de los precios.
5.- En un análisis realizado por el Departamento de Prospectiva de la Agencia Agraria y Pesquera de Andalucía, que analiza la elasticidad de la oferta y demanda en el aceite de oliva en España, se obtuvo como resultado que una reducción del precio en un 1% producía un incremento de la demanda en aproximadamente un 0,6%. Dicho de otra forma, para incrementar la demanda en un 1% era necesario reducir el precio en un 1,67%, lo cual supone que para que el mercado absorba una producción elevada se necesitan reducciones de precios sustanciales.
Como principales causas de la situación actual de bajos precios pueden citarse el incremento de la producción originado como consecuencia de la entrada en producción de nuevas plantaciones, las transformaciones en regadío o la sucesión de una serie de campañas con altas producciones gracias a una climatología favorable. Este incremento de producción ha tenido que ser absorbido por la demanda interna y por un incremento de las exportaciones. Asimismo, la crisis económica también se ha dejado sentir en las economías familiares sobre los precios del aceite de oliva, motivando su bajada para hacerlos más competitivos, sobre todo teniendo en cuenta que existen grasas sustitutivas de menor precio.
6.- Consideramos que a corto plazo se debe apostar por la concentración de la oferta mediante agrupaciones de productores y estructuras comerciales conjuntas; así como por realizar campañas de promoción para incrementar y fidelizar al consumidor tanto en el mercado interno como el de exportación, sin olvidar las campañas de promoción entre escolares, que son efectivas y garantizan un futuro. Además, abogamos por un mayor rigor en los controles de calidad a lo largo de toda la cadena para evitar competencias desleales y por limitar normativamente, teniendo en cuenta la legislación de competencia, determinadas prácticas comerciales que afectan a la transparencia en la formación de precios (subastas a ciegas, precios a resultas...).
A largo plazo debemos ampliar la formación de los agricultores y directivos de cooperativas en cuestiones relacionadas con la trazabilidad, calidad, comercialización, marketing, innovación, etc.; realizar gestión común de labores para conseguir una dimensión mínima con cierto criterio económico, que sean rentables por economía de escala; mejorar el nivel de mecanización de las explotaciones, en aquellas que sea posible, para reducir los costos para el agricultor; y no dejar de apostar por la diferenciación de nuestros aceites a través de la calidad, así como por la promoción y la formación del consumidor.